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Un Comentario

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    Isidoro Jiménez Rodríguez

    NORMALIZAR LO QUE NO ES NORMAL
    Leyendo la noticia anterior me viene a la mente la situación que se vive en muchos países y comunidades, donde una serie de caudillos cometen todo tipo de abusos y tropelías contra los ciudadanos. No hay que forzar mucho nuestra memoria para ver lo que tales formas de poder conllevan para la sociedad. Ahí está el triste ejemplo de Venezuela.
    También podemos observar como tales “generalísimos” se rodean de una serie de coroneles que defienden, con su vida, si es menester, sus ideas y sus actuaciones. A cambio estos lugartenientes reciben una serie de recompensas, nada desdeñables, además de esferas de poder e influencia que utilizan a favor suyo y de sus allegados.
    Pues bien, las declaraciones de nuestra “médico-ministra”, que no Ministra de Sanidad, demuestran su baja capacidad y actitudes para desempeñar el cargo que supuesta, y legalmente, a la vez, ostenta. Su ignorancia interesada le lleva a desconocer nuestra Ley General de Sanidad, y los principios y fines de la misma. Tampoco debe haber advertido nuestra Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, y los cometidos que la misma marca para cada profesión. Si desconoce estas normativas, que deberían ser el motor de nuestra sanidad, como va dignarse en advertir que en los últimos años se ha producido un cambio profundo en nuestras Ciencias de la Salud. El que España pertenezca a la Comunidad Europea, ha provocada que algunas profesiones sanitarias, tradicionalmente secuestradas por los anteriormente señalados “coroneles”, tengan ahora el mismo nivel académico que medicina. Eso sí, incomprensible e injustamente, el grado es de esta última carrera es de seis años. Estos dos años más de estudios para los galenos, resultan muy difícil de justificar, si tenemos en cuenta que la medicina cuenta con un número exagerado de especialidades, lo que hace que estos dilatados estudios básicos, no tengan el menor sentido. Y sobre todo, tan caprichosa formación, supone un despilfarro económico importante para el estado, y consecuentemente, para todos los ciudadanos.
    Pues bien, visto lo visto, parece como si nuestros médicos, o al menos muchos de ellos, no comprendan, ni acepten, que España ya salió hace muchos años de una terrible dictadura. Como en tales formas de mando sucede, puede constatarse como aún hoy dicho colectivo conserva un poder total en el ámbito sanitario, obrando a su capricho y de espaldas a los intereses sociales; la ley la interpretan a su antojo y para mantener sus privilegios e intereses corporativos o económicos.
    Sra. Ministra, bajo mi punto de vista, las enfermeras y enfermeros no es que tengamos “mucha valía”, o “juguemos un papel fundamental en el sistema nacional de salud”. Es que somos el principal colectivo sanitario, no solo por nuestro número de profesionales, sino fundamentalmente, por nuestra diaria y continua aportación al sistema sanitario. Fíjese si seremos importantes, que nos vemos obligados, dentro de la más estricta ilegalidad, a regalar a la administración que usted representa, una media hora de nuestro trabajo y de nuestro tiempo. ¿Le suena lo del solape de jornada en las enfermeras? Pues bien, a usted se le deberían pedir responsabilidades por ello, si estuviésemos realmente en un estado de derecho. Ya sé que usted no tiene talla suficiente para dimitir, por estas y otras ilegalidades que ampara y promueve.
    Y para ir terminando, también al hilo de la noticia anterior, recuerdo mi experiencia, hace ya más de tres décadas, cuando asistí como miembro a una reunión de la recién instaurada Junta Técnico Asistencial de mi hospital. Al ver el desproporcionado número de médicos en la misma, en comparación al resto de profesiones, mis palabras, que pedí costasen en el acta, fueron para manifestar que la incomprensible composición de tal órgano entendía que hacían inviable el cumplimiento de las funciones encomendadas al mismo. Por fortuna, al incorporarse la enfermera titular de dicho órgano, pues yo había quedado en segundo lugar en las elecciones, no volví a ser llamado más a tales charlotadas. Yo no sé si llevaré o no, “a la enfermería en el corazón y en las neuronas”, pero desde luego no hice de “palmero” a los nombrados “coroneles”.
    ¿Sería mucho pedir a nuestros partidos políticos que sean más cuidadosos a la hora de permitir que se unan a los mismos tan impresentables “galeno-políticos” como pululan por nuestras administraciones nacionales, regionales y locales? La sociedad y las urnas, se lo van a agradecer.

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