La incorporación del sistema Hugo™ RAS sitúa al Hospital San Jorge en una nueva etapa de la cirugía mínimamente invasiva. Este sistema de cirugía robótica asistida permite al cirujano controlar desde una consola unos brazos robóticos capaces de reproducir sus movimientos con gran precisión, ofreciendo una visión tridimensional del campo quirúrgico y facilitando maniobras especialmente delicadas.
Su objetivo no es sustituir al profesional, sino proporcionarle una herramienta que puede mejorar la precisión quirúrgica en determinados procedimientos y favorecer una recuperación más rápida del paciente, siempre en función del tipo de intervención y de sus características clínicas.
Sin embargo, detrás de esa imagen de innovación tecnológica existe una realidad que pocas veces trasciende: un equipo de profesionales que prepara, coordina y supervisa cada paso del procedimiento.
Para conocer esa parte menos visible, hemos hablado con Sonia Laviña y Gemma Barba, dos de las enfermeras que participaron en las primeras cirugías robóticas realizadas en el Hospital San Jorge.
“El robot no opera solo”
Si hubiera que resumir en una sola frase lo que ambas quieren transmitir, sería “El robot no opera solo”. Una idea sencilla, pero fundamental.
Como explica Sonia Laviña, la cirugía robótica es una evolución de la cirugía laparoscópica: “Se introducen los trocares como en una laparoscopia y después se conectan los brazos del robot con los instrumentos necesarios. Es entonces cuando el cirujano comienza a manejarlos desde la consola; el robot no puede operar de forma autónoma.”
En la misma línea, Gemma Barba insiste en desmontar uno de los mitos más habituales sobre esta tecnología: “El robot solo no puede operar, ni tomar decisiones ni ninguna iniciativa. Se trata de unos instrumentos dirigidos en todo momento por una persona. Lo que permite es un mayor rango de movimientos y maniobras mucho más finas que las que ofrecen la mano o los instrumentos laparoscópicos”.
La tecnología, por tanto, no sustituye al equipo quirúrgico. Lo complementa.
Mucho antes de la primera incisión
Cuando el paciente entra en quirófano, gran parte del trabajo ya está hecho.
Antes de comenzar la intervención, el equipo de enfermería prepara el sistema robótico, coloca los carros y los brazos del robot, verifica que todos los equipos funcionen correctamente y organiza el instrumental necesario para la cirugía. Al mismo tiempo, colabora con el equipo de anestesia en la preparación y monitorización del paciente, asegurando que todo esté listo para iniciar el procedimiento con las máximas garantías.
Durante la intervención, la enfermera instrumentista mantiene la esterilidad del campo quirúrgico y facilita el instrumental al equipo médico, mientras que la enfermera circulante proporciona el material necesario y coordina todo aquello que pueda requerirse en el transcurso de la cirugía.
Y cuando la operación termina, el trabajo continúa: revisión del material, apagado seguro del sistema robótico, cura de las heridas y acompañamiento del paciente durante el despertar anestésico y su traslado a la Unidad de Recuperación Postanestésica (URPA).
Como recuerdan ambas profesionales, la labor de enfermería comienza mucho antes de la primera incisión y finaliza cuando el paciente ha abandonado el quirófano en condiciones de seguridad.
Meses de formación para llegar a ese momento
Las primeras cirugías robóticas del Hospital San Jorge no fueron fruto de la improvisación. Su puesta en marcha requirió meses de preparación y formación específica. Parte del equipo se desplazó hasta el centro internacional de entrenamiento ORSI, en Bélgica, donde recibió formación sobre el sistema Hugo™ RAS.
Para Sonia Laviña, aquella experiencia permanece especialmente viva: “Viajar al centro de formación ORSI fue una experiencia que nunca olvidaremos. Pasábamos muchas horas allí, pero teníamos muchas ganas de aprender y muchísima ilusión”.
También Gemma Barba recuerda con especial cariño ese periodo: “Poder formarme en un centro como ORSI fue una gran ilusión profesional”.
La incorporación de una tecnología de estas características no consiste únicamente en instalar un nuevo equipo. Supone aprender nuevos procedimientos, entrenar situaciones complejas y reforzar la coordinación entre todos los profesionales que participan en la intervención.
Cuando innovar también significa adaptarse
Más allá del aprendizaje técnico, ambas enfermeras coinciden en otro aspecto que rara vez aparece en los titulares: adaptar un quirófano diseñado para otra forma de trabajar.
La llegada de la cirugía robótica obligó a reorganizar espacios, revisar circuitos y encontrar soluciones para integrar un sistema completamente nuevo dentro del funcionamiento habitual del bloque quirúrgico.
Para Sonia Laviña, uno de los recuerdos más importantes es precisamente ese esfuerzo compartido. “Lo que más me llevo es el trabajo en equipo y cómo nos hemos adaptado a un espacio que parecía imposible”, explica.
Gemma Barba destaca también la colaboración entre todos los profesionales: “Se creó una gran camaradería entre las distintas categorías profesionales. Nos hemos esforzado para encontrar soluciones a problemas de infraestructura y adaptar unas instalaciones que inicialmente no estaban preparadas para el robot”.
Detrás de cada avance tecnológico hay muchas horas de planificación, adaptación y cooperación entre profesionales.