La salud mental sigue siendo un reto de salud pública de primer nivel en España. El aumento de los trastornos mentales en los últimos años, y especialmente aquellos que tuvieron un repunte tras la pandemia por Covid-19, ha hecho que la situación requiera de una atención especial y medidas urgentes. Cerca del 34% de la población española, tal y como indica el último informe del Sistema Nacional de Salud (SNS), publicado por el Ministerio de Sanidad, padece algún problema de salud mental. La ansiedad, la depresión e incluso los Trastornos de la Conducta Alimentaria, conocidos como TCA, son los más frecuentes. Por su parte, el entorno laboral, social y económico, junto a los cambios de una sociedad cada vez más exigente e influenciada por las redes sociales hace que la salud mental haya empeorado considerablemente.
A pesar de la creciente demanda asistencial, el sistema sanitario sigue presentando importantes desafíos en salud mental. Uno de ellos está relacionado con la formación y las metodologías empleadas en el abordaje de estas patologías, que en ocasiones, pone en riesgo la seguridad del paciente en un ámbito especialmente sensible. Sim-Zero Coerción surge precisamente de la necesidad de aplicar la educación basada en simulación a la formación de profesionales, estudiantes y otros agentes sociales que intervienen directa o indirectamenbte en situaciones de sufrimiento psíquico, con el objetivo de construir líneas de trabajo sostenidas, cambiar el paradigma y mejorar la formación en salud mental a través de metodologías experienciales, seguras y basadas en simulación.
«Tradicionalmente, muchas competencias esenciales en salud mental, como la comunicación terapéutica, la desescalada verbal, la prevención del suicidio, el acompañamiento emocional o la gestión de crisis se han aprendido de forma muy desigual, muchas veces por exposición directa a situaciones reales. La simulación permite entrenarlas antes, en un entorno seguro, estructurado y reflexivo», explica Adolfo Ibáñez, enfermero especialista en Salud Mental y presidente y cofundador del Instituto de Simulación en Salud Mental (ISSM), quien ha puesto en marcha este proyecto innovador. «Además de los proyectos formativos, hemos abierto diferentes líneas de investigación para las que estamos buscando financiación a través de convocatorias pública sy privadas. Por un lado, se centran en la formación de la prevención del suicidio mediante simulación para profesionales de la salud, docentes, fuerzas y cuerpos de seguridad, tercer sector y población general. Por otro lado, en la reducción de la coerción en salud mental», sigue Ibáñez.
Formación e investigación
El proyecto no solo tiene la participación de profesionales de la salud mental, sino también de expertos por experiencia, es decir, personas que han atravesado problemas de salud mental y que aportan una perspectiva diferente e imprescindible en el desarrollo de nuevas metodologías. » Si queremos transformar la atención en salud mental, no basta con hablar de las personas atendidas, hay que construir los proyectos con ellas. Actualmente estamos desarrollando acciones formativas en simulación aplicada a salud mental, y al mismo tiempo, consolidando equipos de trabajo e investigación., La idea no es desarrollar acciones aisladas, sino construir líneas de trabajo sostenidas, evaluables y transferibles a distintos contextos como hospitales, universidades, centros sociosanitarios, cuerpos de seguridad…», añade el especialista.

Más que protocolos
El objetivo de Sim-Zero Coerción es mejorar la formación de los profesionales y que estos puedan entrenar situaciones complejas antes de enfrentarse a ellas en la vida real. Pero el proyecto también busca mejorar las habilidades de comunicación, entrenar la prevención e intervención inicial ante el riesgo suicida, fortalecer la desescalada verbal, incorporar la perspectiva de derechos humanos y promover modelo de atención menos coercitivos, más seguros y centrados en la persona. «Uno de los grandes retos es el cambio de paradigma. Frente a la atención de problemas de salud mental seguimos arrastrando prácticas muy institucionalizadas, algunas de ellas coercitivas, que generan un profundo conflicto ético y moral. La reducción de la coerción exige mucho más que protocolos, requiere de formación, liderazgo, cultura de equipo, evaluación, recursos, participación de las personas atendidas y compromiso institucional», apunta.
La enfermera, figura clave y central
En el abordaje de la salud mental las enfermeras ocupan un papel relevante. Especialmente en hospitalización, urgencias o en unidades de crisis su rol es clave para la detección precoz, la prevención de la escalada, la adaptación del entorno o la generación del vínculo terapéutico tan importante y trascendental para los pacientes. «La coerción en salud mental es una realidad que genera un importante conflicto moral. Hay profesionales que la viven como una medida de último recurso en contextos de riesgo, pero también hay personas atendidas, expertos por experiencia y movimientos de derechos humanos que señalan que estas prácticas pueden suponer una vulneración de derechos fundamentales. Precisamente por eso es necesario abrir este debate desde una mirada rigurosa, ética y transformadora. Estamos avanzando hacia modelos de atención centrados en la persona, la autonomía, la dignidad y los derechos humanos. En ese cambio, la enfermería no es un actor secundario: es uno de los ejes fundamentales. Reducir la coerción no significa negar el riesgo ni dejar solos a los profesionales. Significa dotar a los equipos de más herramientas, más formación, más recursos y mejores entornos para responder de otra manera. La simulación clínica puede ayudar precisamente a eso: entrenar alternativas, analizar decisiones, mejorar la coordinación del equipo y cuidar también a quienes cuidan«, concluye el especialista en Salud Mental.