Hablar de arte drag muchas veces es hablar de humor, show, diversión y, sobre todo, reivindicación. Si se piensa en el travestismo, la mayoría de las personas piensan en hombres vestidos de mujeres haciendo bromas picantes en una discoteca, pero el drag va mucho más allá. El drag es una expresión artística, cultural y política de la que Melisa Meseguer saber mucho. Es enfermera desde hace 13 años, pero en 2019 se topó con una de sus grandes vocaciones, el drag. Un año antes de la pandemia, Melisa decidió que quería compaginar su carrera como enfermera con ser Drag King. Y para quien no sepa lo que esto significa, ella lo explica perfectamente: “El drag king supone acercarse a esta disciplina desde la masculinidad para performarla tanto estética como físicamente y llevarla al escenario. Es una manera de desengranar la masculinidad, mostrar cómo está construida y jugar un poco con ella”.
Decidió ser enfermera porque le apasionaba la biología y el cuidado. De padre médico y madre auxiliar, la sanidad corría por sus venas y vio que la Enfermería era la profesión que más le conectaba con las personas. Como a muchas personas de su generación, la temporalidad y las malas condiciones le hicieron replantearse todo. “Acabé la carrera en Castellón en 2012, hubo un momento en el que no se cubrían las vacaciones y era difícil encontrar trabajo. Lo que hice fue apuntarme al EIR durante varios años, pero sin éxito porque hay muy pocas plazas para todas las enfermeras que nos presentamos. Fue una época en la que trabajaba un día en un centro de salud, dos semanas a media jornada en un hospital… En ese momento yo ya tenía decidido irme a Madrid a estudiar Arte Dramático y así lo hice. Compaginé las clases con trabajos de verano en Valencia. Estuve en Urgencias, en Cirugía y en Hematología, que me ha servido mucho para mi trabajo actual en un laboratorio”, explica Melisa.
Personajes femeninos
Una vez que comenzó con el arte dramático, reconoce que no le cuadraban mucho los personajes femeninos y sus profesores le decían que tenía una energía masculina muy bonita que explotar. Fue ahí cuando, a raíz de un proyecto con una compañía de teatro queer, nació Marcus Massalami, su alter ego en el drag. “Ahí se me iluminó la vida y supe que era lo que estaba buscando”, asegura.
Pero esto fue en 2019 y, unos meses más tarde, la pandemia llegó y puso en jaque todo su mundo. “El drag me salvó porque me sirvió de vía de escape. No me aburría porque estaba trabajando de enfermera y viví todo en primera línea, pero, al llegar a casa, empezaba a maquillarme y a dar charlas en redes sociales y a conectar con drag kings de otros países. De pronto, montamos una comunidad online muy bonita con personas que estaban igual que yo y se dedicaban a lo mismo que yo”, apunta Melisa.
Enfermería escolar
Como no le parecía suficiente, este mismo año se ha embarcado en otra aventura, la de ser enfermera escolar en un colegio de Madrid. Se define como privilegiada porque ella puede compaginar sus dos pasiones, la enfermería y el drag, pero es consciente de que no todas sus compañeras y compañeros tienen la misma suerte. “La enfermería hace que pueda tener un salario a fin de mes y también me ayuda a decidir qué trabajos puedo aceptar y cuáles no como drag. El drag es muy inestable y estuve un año y medio de excedencia en el laboratorio y tuve que bajar el caché porque de pronto un día te sale un bolo, pero mañana ya no. Además, soy afortunada porque no tengo que hacer turnos ni en el laboratorio ni en el colegio y, además, tengo bastante libertad horaria si necesito ir a algún sitio o tengo algún viaje”, subraya.
También es verdad que, actualmente, es uno de los referentes españoles en el mundo del drag king y trabajo no le falta desde que comenzó. “Es rara la semana que no he trabajado”, confiesa. Su rutina antes de empezar un show consiste en más de una hora y media de maquillaje y vestuario. Un esfuerzo que se hace antes y después para desmaquillarse y que muchas veces no se valora como merecería.
Complementarias
Para Melisa, ambas profesiones se complementan entre ellas. La enfermería le sirve bastante para conectar con la realidad humana porque conoce a mucha gente todo el rato y el drag, por desgracia, le sirve para tener más autoridad como enfermera. “Cada vez menos, pro hay una brecha de género bastante grande y saber modular la voz o comportarme de una forma más masculina, como estaría estipulado en la sociedad, me ayuda a ‘poner orden’. He aprendido a hacerlo y sé qué códigos utilizar si un paciente cree que por ser mujer puede hablarme de otra manera. El drag me ayuda a coger esa fuerza y ponerme en mi sitio”, asevera.
En realidad, ante la pregunta de qué elegiría si tuviese que hacerlo, Melisa duda mucho porque ambas le complementan. Aun así, como activista LGTBIQ+ que es, resalta que la enfermería todavía tiene mucho por hacer y puede convertirse en un pilar clave del Sistema Nacional de Salud para educar en diversidad. “Yo no recuerdo en la carrera que se hable de estos temas. Creo que debemos recibir y dar educación en diversidad porque los cuerpos son diversos, las personas son diversas y la sociedad es diversa”, concluye.
