Una revisión de alcance internacional y publicada en la Revista Nursing advierte que muchos estudios utilizados para evaluar conocimientos, actitudes y prácticas en salud todavía presentan debilidades metodológicas que pueden limitar la utilidad de sus resultados. La revisión analizó 110 estudios y concluye que comprender cómo las personas piensan sobre la salud no siempre permite predecir cómo actuarán en la práctica.
Los llamados estudios CAP (Conocimientos, Actitudes y Prácticas) son herramientas ampliamente empleadas en salud pública para diseñar campañas educativas, programas de prevención y estrategias de intervención sanitaria. Se utilizan, por ejemplo, para estudiar comportamientos relacionados con vacunación, seguridad de pacientes, nutrición, tabaquismo o enfermedades infecciosas.
El trabajo revela que, aunque este tipo de investigaciones ha crecido de forma notable en los últimos años, gran parte de los estudios se concentra en validar únicamente el contenido de los cuestionarios, es decir, verificar que las preguntas estén bien redactadas o representen adecuadamente el tema analizado. Sin embargo, otras dimensiones esenciales siguen siendo poco estudiadas, como la comprensión real de las preguntas por parte de quienes participan o la capacidad de los instrumentos para adaptarse a diferentes contextos culturales y sociales.
El equipo investigador destaca que la validez de un cuestionario no depende solo de “hacer buenas preguntas”. Para ello, señalan que se precisa más investigación en las cinco fuentes de evidencia recomendadas por los Estándares para las Pruebas Educativas y Psicológicas. Solo así se podrá disponer de instrumentos que puedan medir lo que pretenden.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la desconexión frecuente entre conocimiento y conducta. Muchos estudios muestran que las personas pueden conocer los riesgos para la salud e incluso tener actitudes positivas hacia ciertos hábitos saludables, pero eso no siempre se traduce en cambios reales de comportamiento. Factores como el nivel económico, el entorno social, la carga laboral, las creencias culturales o el acceso a recursos sanitarios influyen directamente en la posibilidad de transformar el conocimiento en acción.
La revisión también detectó una fuerte concentración geográfica de la producción científica. Asia lidera ampliamente las publicaciones sobre este tema, especialmente países como India, Irán, Malasia y China. En contraste, América Latina y África presentan una presencia mucho menor, lo que sugiere la necesidad de impulsar investigaciones adaptadas a diferentes realidades culturales y sanitarias.
Para realizar el análisis, el equipo investigador siguió estándares internacionales, revisando estudios procedentes de bases de datos científicas de todo el mundo. Además, utilizó herramientas bibliométricas para identificar tendencias temáticas y conexiones entre investigaciones.
Los autores concluyen que los estudios CAP seguirán siendo fundamentales para orientar políticas públicas y estrategias de promoción de la salud, pero advierten que será necesario fortalecer su rigor metodológico y su sensibilidad cultural para lograr resultados más fiables y útiles en la práctica clínica y sanitaria.