ÁNGEL M. GREGORIS.- En los últimos tiempos, cuando un libro se convierte en un best seller consigue su adaptación cinematográfica pocos meses después. Con mejor o peor éxito, muchas son las sagas que han traspasado el papel para convertirse en película o serie de televisión. A bote pronto, se me ocurren ejemplos extranjeros como Crepúsculo, Los juegos del hambre o la famosísima Harry Potter. En el terreno patrio, las grandes cadenas nacionales han aprovechado con enorme éxito el tirón de novelas como El tiempo entre costuras o Alatriste. Esta corriente de adaptaciones llega ahora hasta la trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, que ha estrenado su primera parte, El guardián invisible, sumida en la controversia por la petición de boicot por las palabras de una de sus actrices secundarias contra los españoles.
El cuerpo de una adolescente aparece en los márgenes del río Baztán desnudo, con las palmas de las manos hacia arriba y con un txantxigorri, dulce típico de la zona, en el pubis. La inspectora Amaia Salazar, nacida en Elizondo, pero residente en Pamplona, se ve envuelta en el caso y debe volver a su tierra, de la que quiso huir hace años por motivos familiares. En esta ocasión, la vida le tiene preparado un viaje que no olvidará, que se prolongará en las dos próximas entregas, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta, y que le cambiará el rumbo de su existencia para siempre.
Mitología
La mezcla entre mitología vasca, asesinatos, rencillas fa-miliares y una investigación policial abierta hacen de El guardián invisible uno de los grandes estrenos de 2017. Aunque nunca comparable con el libro, dos personajes resaltan por encima del resto: la protagonista, Marta Etura (Amaia Salazar), y la hermana de esta en la ficción, Elvira Mínguez (Flora). La primera nos contagia la tensión actual y su sufrimiento en el pasado durante las dos horas de película. Y la segunda borda un papel que, sin ninguna duda, será uno de los más recordados de la trilogía.
Y entre medias del misterio que sobrevuela toda la película, la situación y el momento en el que se viven los acontecimientos reflejan al pueblo con una lluvia constante. Si bien es cierto que la zona tiene un clima bastante húmedo, también hay que apuntar que los paisajes de Elizondo y alrededores deberían ser de visita obligada al pasar por Navarra. Y, aun así, si la tormenta nos acecha, siempre nos quedará tomarnos un txantxigorri en alguna de sus pastelerías…