Sobre el autor

Un Comentario

  1. 1

    Isidoro Jiménez Rodríguez

    ¡SI AHORA RESULTA QUE EXISTE UNA GESTIÓN SANITARIA!
    Pues que sea muy bienvenida. Y que empiecen a gestionar de una vez, porque visto lo visto, no se a que se habrán dedicado hasta ahora. No es mi intención herir la sensibilidad de nadie, y mucho menos, los sentimientos de ninguna compañera o compañero. Vaya esto por delante.
    Como tuve la oportunidad de señalar en Acta Sanitaria días atrás (https://diarioenfermero.es/la-asociacion-nacional-de-directivos-de-enfermeria-firma-un-convenio-con-sus-homologos-lusos/?idU=1), me causa curiosidad que alguien se considere que lleva algún tipo de dirección en nuestra sanidad pública; nunca he trabajado en el ámbito privado. Me pregunto qué clase de gestión se puede llevar a cabo cuando a cada integrante del colectivo médico se le permite hacer y deshacer a su antojo, con total impunidad. Y no solo en su ámbito competencial, sino sobre otros colectivos sanitarios.
    El resultado de esta “ley del embudo” está bien a las claras: un brutal desviamiento en la plantilla de médicos, con respecto al número de enfermeras. Y si alguien lo duda, sólo tiene que ver las estadísticas de países de nuestro entorno. Ello dificulta y entorpece la tarea asistencial.
    Un ejemplo, desde ayer se obliga a las empresas españolas a que registren el control horario de sus puestos de trabajo. Me pregunto cuándo se va a exigir este control en nuestra sanidad. Resulta un poco cínico que nuestra administración pretenda hacer justicia (y la aplaudo por ello) con los trabajadores de las distintas empresas privadas y no comience por hacerla con los trabajadores que dependen de ella. Me explico, las enfermeras y enfermeros que trabajan en hospitales públicos, y posiblemente también de otros ámbitos asistenciales, se ven obligados a regalar, cada día una media hora, o más, a la nuestra administración. Es el denominado “solapamiento de jornada”, imprescindible para prestar una atención adecuada a nuestros pacientes.
    Como es lógico, para los profesionales cuyas plantillas están sobredimensionadas, y a los que aludía con anterioridad, las reglas son bien diferentes. Nadie ejerce ningún tipo de control sobre el cumplimiento de su jornada laboral, y mucho menos sobre la eficiencia de su trabajo. Un buen número de ellos, llegan cuando les apetece, y se marchan cuando les viene en gana. Para ellos las esperas de sus enfermos no significan nada. Al contrario, si crean artificiales listas de espera, estarán mejor valorados. Es curioso como a nadie se le ocurre hacer un estudio sobre este aspecto. Ni siquiera a quienes se consideran gestores de nuestra sanidad y hacen “congresos”. ¿O será que, incomprensiblemente, la mayoría de estos últimos son también médicos?
    No repito aquí mi punto de vista sobre las direcciones de enfermería y supervisiones, ya expresada en el comentario referido con anterioridad.

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