RAQUEL GONZÁLEZ ARIAS.- Más de 300 pacientes pasan cada año por la Escuela de Ictus del Hospital Central de Asturias (HUCA), un aula educativa pensada para pacientes que han sufrido un ictus, pero también para sus familiares. La Escuela, puesta en marcha en 2015, depende directamente de la Unidad de Ictus, integrada en el Servicio de Neurología del HUCA.

Como explica María Isabel Prieto Méndez, subdirectora de gestión de cuidados y enfermería del Área IV, cuando hablamos de ictus, el papel de las enfermeras de la Unidad de Ictus es fundamental y contribuye significativamente a mejorar su calidad de vida. Aquí, como en el Hospital Universitario de Cabueñes en Gijón que –subraya- también dispone de una Unidad como esta, “las enfermeras están especialmente entrenadas para detectar cualquier cambio que se produzca en el estado del paciente, algo que en una planta convencional no es posible por el volumen que atienden, y son las que se encargan de diseñar su plan de cuidados”.

Con la Escuela de Pacientes, apunta, han ido un paso más allá, al extender esos cuidados al alta: “la idea surgió en 2015, al darnos cuenta de que era necesario dar una educación sanitaria al alta. Los pacientes y sus familiares tienen sus referentes en Atención Primaria, por supuesto, pero queríamos que salieran de aquí con algunos conceptos muy claros, relacionados sobre todo con la prevención y la detección precoz de los síntomas”.

Inmediatez

Las charlas, señala Ana Suárez, enfermera de Neurología del HUCA, duran algo más de una hora y son multidisciplinares. Las enfermeras son las primeras en tomar la palabra. Su intervención comienza explicando a los asistentes qué es el ictus porque, advierte, “todavía son muchas las personas que desconocen cuáles son los síntomas y la importancia de actuar con inmediatez ante su aparición. De hecho, siempre realizamos un test antes y después de la charla, para comprobar los conocimientos que tienen pacientes y familiares sobre la enfermedad, y sigue habiendo mucho desconocimiento. Aquí insistimos mucho en que ‘tiempo es cerebro’ y cuanto antes se actúe menos secuelas habrá”.

Estilo de vida

Más allá de la detección de los síntomas, las enfermeras hacen también hincapié en la importancia de llevar un estilo de vida saludable y controlar los factores de riesgo. “Una vez el ictus se ha establecido, el paciente no puede hacer lo que le dé la gana. Les contamos que hay factores que no son modificables y no podemos hacer nada, pero hay otros sobre los que sí podemos actuar y es importante insistir en cuestiones como el control de la hipertensión y la diabetes, la práctica de ejercicio físico…”, comenta. Sin embargo, como apunta la enfermera Anya Iglesias, supervisora en funciones del Servicio de Neurología, “desgraciadamente, con el paso del tiempo tienden a olvidarse y a abandonar esos buenos hábitos y después lo lamentan ”. Por eso, tanto a los pacientes como a los familiares se les anima a pasar por la Escuela de Ictus siempre que quieran.

Secuelas

Las enfermeras son también las encargadas de abordar las posibles secuelas del ictus y explicar a los pacientes cómo hacerles frente y prevenir posibles complicaciones. Es el caso de la disfagia, que afecta a muchos de ellos y supone una elevada morbimortalidad ya que puede generar, entre otras complicaciones, broncoaspiración.

Tras las enfermeras, es el turno de otros profesionales como son el fisioterapeuta, que les habla de cuestiones relacionadas con la movilidad, el auxiliar de enfermería, que lo hace sobre higiene, y el médico, que responde a aquellas dudas que el paciente pueda tener sobre su situación concreta.

La experiencia de la Escuela, aseguran estas enfermeras, es muy positiva ya que, como explica Anya Iglesias, “interesa tanto a los pacientes como a los familiares porque les ayudamos a mejorar su calidad de vida”.