GEMA ROMERO.- “Tratar al paciente como quiere ser tratado”. Así resumen Alberto Peinado Hernández, subdirector de Enfermería del Área Integrada de Talavera de la Reina (Toledo), la implantación del plan Dignifica en la unidad de Oncología de este centro castellano-manchego. “Es intentar llegar al punto de hacer un hospital en recursos humanos y en recursos materiales para cada paciente, de forma que cada uno tenga todo lo que necesita, que sepa que está en un buen hospital y con buenos profesionales”. Una situación que conoce muy bien, pues ha vivido los cambios en primera persona, primero como enfermero de esta planta desde el año 2012 y el último año como gestor.
¿Qué es el plan Dignifica?
El Plan Dignifica intenta conjugar dos ideas que yo creo que todo el que trabaja en sanidad las lleva implícitas que es humanizar los cuidados y en consecuencia dignificar el trabajo que haces con una persona. En Castilla-La Mancha eso que iba al albur de cada centro o de cada profesional. Se ha pretendido dar valor institucional al objetivo de profundizar en la humanización de la asistencia. Luego cada centro lo aplica de forma particular aprovechando las oportunidades que brindan los profesionales. En nuestro caso ese ha iniciado la aplicación en Oncología, Ginecología y paritorio (nacer en Talavera o el parto humanizado) o en Pediatría, entre otros.
¿De qué estaríamos hablando?
Estaríamos hablando de intentar pasar de la teoría a la práctica. Es dar un salto en profundidad, asumir que lo que hay en la teoría, como argumento, pase al corazón y a las manos del que cuida al paciente, algo que cuando uno se ponga el uniforme vaya con él. Así, por ejemplo intentar que no sea el 14-2, sino Manuel. Que cuando tengamos que hablar con la familia seamos capaces de tener una habitación donde podamos estar, que no se haga en medio del pasillo o con la presencia de otro paciente si es que la habitación está compartida. Los ejemplos irían desde lo muy evidente a otros que han supuesto un cambio en la estructura del hospital, pero en definitiva es tratar al paciente como quiere ser tratado. Es intentar llegar al punto de hacer un hospital en recursos humanos y en recursos materiales para cada paciente, de forma que cada uno tenga todo lo que necesita, que sepa que está en un buen hospital y con buenos profesionales.
¿Los planes de humanización son necesarios?
A veces vamos a lo formal, a lo técnicamente correcto, que es lo que hay que hacer, pero se trata de entender que no apilamos teléfonos, sino que trabajamos con pacientes, y no podemos olvidamos de que son personas, que pueden tener sus preocupaciones. Como mínimo no está mal plantearse si son necesarios, -que yo creo que lo son-, pero el planteárselo es un paso ya.
¿No da la sensación de que hasta ahora se trataban enfermedades y no pacientes?
Tenemos que entender que 24 horas al día, 365 días al año estamos dedicados por y para otras personas: los pacientes. Es fácil que a veces ese hilo se pueda romper, y en una organización con mil y pico personas, con tantos incidentes, accidentes y con la vida personal de cada uno, a veces hay muchos artefactos desde fuera. El objetivo del plan dignifica es que esos condicionantes influyan lo menos posible, generando esa filosofía, esa forma de entender el trabajo.
¿En qué contribuye el plan Dignifica?
Contribuye en que lo importante, el centro del sistema, es el paciente y su entorno. Yo creo que en ocasiones no lo es. Todos trabajamos por y para el paciente, pero a veces como unidades estanco. Yo soluciono mi problema, mi cuestión, es mi paciente, mi historia, mi planta. Los determinantes posesivos son muy del día a día y lo que pretendemos es cambiar el foco.
El tener el paciente en el centro y abordarlo íntegramente es de toda la vida, no nos hemos inventado nada. Si somos novedosos es porque esta dirección, esta consejería ha entendió que este es el camino y ha llevado a la práctica, de forma real, los cambios, que empiezan siendo estructurales y pretender terminar siendo de filosofía, de teoría. La nueva corriente de gestión sanitaria propone que el paciente participe de la toma de decisiones en su patología, eso está a años luz de la realidad. En oncología, por ejemplo, es muy habitual que los hijos decidan que el médico no informe al paciente de lo que tiene.
¿Cómo se pretende cambiar?
En el hospital ha habido dos unidades, materno-infantil y oncología, donde ha tenido el mayor impacto. Con este plan decidimos reestructurar el hospital para separar las dos especialidades que formaban la planta: oncohematología y digestivo. Las habitaciones se dejan de uso preferente individual, salvo que la presión asistencial obligue a doblar la ocupación de la habitación. También se han dejado dos habitaciones de uso para pacientes en situación de últimas horas o últimos días, no sólo de oncología. Los pacientes que tienen ese perfil ingresan en esas camas, son individuales, hay sillones para los familiares y pueden compartir esos últimos momentos; se trata de ayudar a que esta fase sea lo más humana posible. También se han dotado 4 camas para cuidados paliativos. Los clínicos de hematología y oncología ahora pueden ingresar a los pacientes de quimioterapia si es necesario, para ese tratamiento que antes debían hacer en hospital de día con los trastornos que suponía para el paciente. Es un cambio estructural, pero con el objetivo de humanizar la atención.
¿Qué han propuesto las enfermeras dentro de este plan?
Llevaban 5 años sin revisarse los protocolos de la unidad y ya hay un cronograma para modificar el plan de acogida para las enfermeras sustitutas, por ejemplo. En la relación directa con el paciente han propuesto que el ritmo de la planta vaya acompasado lo más posible al ritmo del paciente. Por ejemplo, la ropa se recogía entre las 6.30 y las 7. Siempre se ha hecho así. En el intento de que el paciente no sea despertado, han hecho una propuesta para que se cambie esa hora. Se ha hablado con el servicio de cocina para intentar agilizar peticiones especiales, que tengan más autonomía a la hora de elegir la comida, evitando el encorsetamiento. También han propuesto que en la visita del médico, el pase de visita, no impida que el familiar pueda estar presente, o tener un espacio propio donde poder hacer el cambio de turno de forma más reservada. Están intentando cambiar el día a día de la planta con pequeños gestos.
¿Qué supone para los pacientes?
El paciente ahora percibe de una forma real que si tiene la desgracia de padecer un cáncer está tratado en una unidad específica y especial. En la parte emocional hay una tranquilidad mayor que antes. El paciente percibe que las enfermeras ahora disponen de más tiempo, pues ha disminuido la ratio de pacientes. Antes venían a salvar el turno lo mejor que podían, te ibas a casa con una mala sensación: algo me he dejado o algo le he dejado a mi compañero. Lo mires como lo mires el paciente ha salido beneficiado.
Lo importante no es estar solo en una habitación, aunque muchas veces es lo que valoran los pacientes, lo importante es que se fomenta la exclusividad en el trato.
¿Cómo lo han vivido los profesionales?
El cambio estructural ha supuesto algún sin sabor. Todo cambio supone pérdida de control de lo que se venía haciendo. Si cambias una unidad, eso genera cierto malestar. Los cambios se han hecho previa explicación y los datos demuestran que ha habido un antes y un después. Además, poco a poco el profesional que no lo entendía lo va entendiendo, aunque siempre habrá gente que tarde más en sumarse al cambio, y nuestro objetivo como institución es que profundizar en la humanización de la asistencia sea algo normal en el pensamiento de los profesionales.

Felicitar a los compañeros de Talavera por la labor que realizan en el ámbito de hacer más llevadera y humana la estancia a sus pacientes. Considero que esto es la esencia del «cuidar» enfermero. Nunca será suficiente cuanto hagamos en este campo. Estoy seguro que la práctica totalidad del personal de Enfermería (Auxiliares y Enfermeras) así lo entendemos y nos esforzamos continuamente en ello, a pesar de que, por lo general, no podamos plasmarlo en planes de actuación como el presentado anteriormente, debido a cuestiones logísticas de tiempo.
Pero no nos confundamos por mucho que nos empeñemos en tal labor desde el ámbito enfermero, hay otros colectivos, más poderosos, que no deben pensar igual. No voy aquí a repetir mis argumentos que ya expuse en el diario digital «Acta Sanitaria» de fecha 7-7-2016 (http://www.actasanitaria.com/humanizacion-calidad-asistencial-y-aeropuertos-sin-aviones/).
No caigamos esta vez en la ingenuidad de seguir las «ocurrencias» de otros, a quienes este tema les importa realmente un bledo, aunque, eso si, se presenten a la sociedad como sus paladines. Son precisamente ellos quienes se tienen que «humanizar», respetando a los pacientes y al resto de personal sanitario. Quienes deben saber que hace tres décadas entro en vigor una ley que dirige y enfoca la atención sanitaria, como no puede ser de otra forma, en el enfermo. Parece ser que hay muchos ignorantes al respecto, pues solo piensan en mantener sus seculares prerrogativas (formación académica privilegiada; desproporcionados sueldos; turnos de trabajo a la carta; etc, etc.).
Bajo mi modesto punto de vista habría que preguntar a tales «listillos» porque permiten tantas formas irrespetuosas y déspotas en nuestro sistema de salud. Si es que desconocen que hay una Constitución que se supone debe garantizar el respeto a la dignidad de las personas. Si se olvidan que en estos últimos años se han promulgado una serie de leyes que les sitúan como un colectivo más, entre los que intervienen en la atención sanitaria.
Por lo tanto, con el mayor respeto, me permito sugerir a nuestras autoridades sanitarias (médicas) un «Plan de Normalización de la Práctica Asistencial». En pleno siglo XXI, a ningún colectivo se le puede seguir permitiendo hacer, «lo que», «cuando» y «como» le da la gana. Nadie puede tener blindado su campo de actuación para obrar a su antojo.
Desde que hace unos meses dichas autoridades sanitarias (galénicas) pusieron de actualidad este tema, asistimos a hechos tan sarcásticos como el que en algunas comunidades se ponga a pilotar tales supuestos planes de humanización a médicos. Lógicamente, ni la trayectoria histórica de dicho colectivo, ni su actuación diaria, indica que sean los más apropiados.
Reflexionemos como a lo largo de la historia la Enfermería hemos hecho los «coros de palmeros» de las «genialidades» médicas. No lo hagamos una vez más.