El último brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) ya cuenta con más de 900 casos y 200 muertes sospechosas, además de siete casos sospechosos y una muerte confirmada en Uganda. Entre los fallecidos se ha registrado la muerte de una enfermera. Sin embargo, estas profesionales carecen de suficientes equipos de protección individual (EPI) y de material de detección, como mascarillas, protectores faciales, trajes de protección, kits de pruebas y el equipo necesario para manipular de forma segura los restos de personas fallecidas altamente contagiosas, al tiempo que trabaja en medio de una continua escasez de personal. De ahí que el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) haya advertido de que tanto las enfermeras como otros profesionales sanitarios de primera línea se encuentran en grave peligro y temen por su seguridad.

Así, en un comunicado el CIE da la voz de alarma porque el mundo “corre el riesgo de volver a fallar a quienes nos protegen y de repetir los errores mortales de la pandemia de la COVID-19”. Así, el presidente de la enfermería a nivel mundial, el español José Luis Cobos, ha hecho hincapié en que “el brote es un claro recordatorio de la necesidad de proteger a los trabajadores sanitarios, que son el núcleo de la seguridad sanitaria mundial y la preparación para emergencias”.

De hecho, detallan que están en contacto con las asociaciones nacionales de enfermeras en la República Democrática del Congo, Uganda y los países vecinos “y las enfermeras nos dicen que temen por su seguridad porque no disponen del equipo necesario para protegerse”.

“Las enfermeras están realizando una labor extraordinaria que salva vidas, poniendo en riesgo su propia seguridad y en condiciones extremadamente difíciles, pero en muchos casos denuncian la falta de EPI, equipos de detección y formación en emergencias necesarios para garantizar su seguridad y realizar su trabajo de manera eficaz. Nos llega la información de que temen contagiarse y las consecuencias: muchas no cuentan con una cobertura sanitaria adecuada, un seguro o subsidios de riesgo que les permitan costearse la atención médica o sobrevivir a la pérdida de ingresos si contraen la enfermedad”, ha detallado Howard Catton, director general del CIE.

Evitar errores del COVID

Durante la pandemia de COVID-19, al menos 115.000 enfermeras y oros profesionales sanitarios perdieron la vida, según datos del CIE. “Las enfermeras pagaron un precio devastador porque el mundo no estaba preparado y no se disponía de equipos de protección esenciales, especialmente en los países de bajos ingresos. No podemos permitir que se olviden esas lecciones. Las enfermeras y otros profesionales sanitarios de primera línea en la República Democrática del Congo y Uganda deben tener acceso inmediato a EPI, equipos de detección y los recursos que necesitan para protegerse a sí mismas, a sus pacientes y a sus comunidades”, ha incidido el presidente del CIE.

Así, durante la Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra la semana pasada, el CIE presionó para que se proteja a las enfermeras. Ahora insta a los líderes a que proporcionen de inmediato equipos de protección adecuados, cobertura de seguro médico, subsidios por riesgo y formación a todos los profesionales sanitarios que responden al brote.

Recortes en la financiación

Otro de los riesgos sobre los que alerta el CIE son los recortes a la financiación sanitaria en todos países que ya cuentan con frágiles sistemas sanitarios y que, a su juicio, también ha contribuido a la detección tardía y a la rápida escalada de este brote. 

“Pedimos una inversión urgente en enfermería y en los sistemas de salud tras los recortes en la ayuda y la sanidad, y que se finalice y se ponga en marcha el Acuerdo sobre Pandemias”.

De hecho, la semana pasada, el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC), siendo esta la primera vez que se declara antes de convocar al Comité de Emergencias, lo que, para el CIE, refleja la extraordinaria magnitud y rapidez de la epidemia.

La Asamblea Mundial de la Salud concluyó el sábado 23 de mayo, sin que los Estados Miembros hubieran ultimado aún el anexo sobre Acceso a los patógenos y distribución de beneficios (PABS) que pondrá en práctica el Acuerdo sobre Pandemias: el CIE insta a la puesta en práctica de este Acuerdo, que es más necesario que nunca, ya que el mundo se enfrenta a brotes simultáneos de ébola y hantavirus que exigen solidaridad internacional y un acceso equitativo a los recursos.

“Si no protegemos las enfermeras -añaden- que están arriesgando sus vidas para contener este brote, le fallamos a todo el mundo. Sin ellos, no hay respuesta ni seguridad sanitaria mundial”, concluyen.