En los últimos años, y especialmente desde la pandemia, la salud mental ha empezado a estar presente en la sociedad. Cada vez se habla más de depresión, de ansiedad, pero muchas veces se olvida que hay otras patologías como la esquizofrenia o la patología dual, que todavía se silencian. Como señalaba Ana Balseiro, madre de un chico con esquizofrenia, “los recursos que se destinan a una patología dependen de lo que se hable de ello”, y por desgracia de las enfermedades mentales graves no controladas no se habla. Así se ha puesto de manifiesto en la jornada «Cuidar la mente es cuidar la vida», con la que el periódico La Razón ha celebrado el II homenaje a la Enfermería. Así, las enfermeras denuncian la falta de recursos para la enfermedad mental grave no controlada.
Como explicaba Diana Molina, directora gerente del Hospital Universitario Dr. Rodríguez Lafora, hospital psiquiátrico de referencia en la comunidad de Madrid, en nuestro sistema de atención a la salud mental “tenemos un problema de diseño. Se organiza en episodios, pero la salud mental transcurre en trayectorias vitales”. La enfermedad mental es crónica y va cambiando en función de la vida del propio paciente. Conforme envejece, “la mochila se hace más grande, cada vez el paciente es más complejo, se incorporan otras patologías, y sin embargo, cuanto más complejo es la respuesta es más fragmentada”. Y no sólo eso, “cuanto más complejo es, más invisible se vuelve para todos”. Sobre el papel -incide Molina-, “el paciente es responsabilidad de todos, pero realmente no es de nadie. Va saltando de recurso en recurso, sin una atención continuada e integral que tenga en cuenta todas sus necesidades”.

Además, y como destacaba M.ª Luisa Cuesta, supervisora de Salud Mental del Hospital La Paz de Madrid, “cuando un paciente tiene una enfermedad mental, todo lo que le pasa se achaca a esa enfermedad, lo que retrasa el diagnóstico de otras patologías”. De hecho, señalaba que la esperanza de vida de estos pacientes es entre 10 y 20 años inferior al resto de la población.

Por otro lado, “con el envejecimiento normalizamos que lo que les pasa a los ancianos es porque son ancianos”, añadía Ester Maestre, enfermera del Hospital Universitario Blua Sanitas Valdebebas. “Muchos de ellos acaban en instituciones, en residencias, donde en muchas ocasiones no se tiene en cuenta que necesitan también su seguimiento de salud mental, olvidando que son pacientes que tienen un plus, pues son pacientes que se sienten avergonzados y culpables, porque no son independientes y porque en muchas ocasiones se les achaca que están enfermos porque ellos quieren”.

Cambio de modelo
Por ello, proponen no una reforma del sistema actual, sino directamente un cambio de modelo. Como detallaba la directora gerente del Hospital Universitario Dr. Rodriguez Lafora, “es necesario evitar las faltas de coordinación, que el sistema sea mas permeable a la sociedad, con alternativas a la hospitalización tradicional”.
Así, sugería cambiar la institucionalización por la autonomía. “Cada vez se traslada más a instituciones, como se pueden emplear recursos dentro de su propio entorno como la hospitalización a domicilio”. Sin olvidar que hay que dejar el paternalismo y empezar a defender los derechos de los pacientes. “Es pasar de una organización que decide por el paciente a decidir con el paciente, que las decisiones sean compartidas, dando voz a los pacientes y a sus familias”.
Y si de escuchar a las familias se trata, Ana Balseiro, que vive el día a día de un paciente con esquizofrenia asociada al consumo de cannabis, lo tiene muy claro: “es necesario un protocolo para agilizar los ingresos involuntarios”. Hoy por hoy, ante un brote psicótico, la única solución es el ingreso involuntario. Han de pasar por urgencias, con horas de espera, a veces con cambios de hospital por falta de camas, con intervención de la policía en caso de que el paciente se rechace de forma violenta el traslado… “El sacarle a la fuerza es un trauma que permanece durante mucho tiempo”, destacaba. Sin olvidar que hay otros recursos que también serían necesarios, como que “el tratamiento contra las adicciones sea obligatorio o disponer de atención integral, apoyo a los cuidadores, formación, descanso familiar…”.
Enfermera de salud mental

“La enfermería de salud mental debe liderar el proceso, porque es la que tiene la visión longitudinal de lo que le pasa al paciente a lo largo de toda su vida. Debemos vertebrar qué compañero tiene que intervenir en cada momento, cuando haga falta”, reclamaba Luisa Cuesta.
Y es que “nosotras somos las que seguimos al paciente, debemos aprovechar el vínculo que tenemos para mejorar la adherencia, potenciar la autonomía personal. Pero para ello es preciso hacer más visible los cuidados que ofrecemos a nuestros pacientes. Registramos poco lo que hacemos. Cuando se trata de poner encima de la mesa nuestra labor nos faltan datos y eso es un punto importante de desarrollo de la profesión”.
Y es que como señalaba Francisco Mejías, enfermero especialista en salud mental y tesorero de Aeesme, “las enfermeras tienen que estar donde están las personas, en todos los ámbitos, para cubrir las necesidades de toda la sociedad”.

En el caso de la enfermería de salud mental aprovechaba la ocasión para denunciar el retraso en la implantación de la especialidad en algunas comunidades autónomas. De hecho, Cataluña ni siquiera tiene creada la categoría profesional. “Luego toca ocupar los puestos, y ahí los políticos tienen que tener la voluntad política de llevarlo a cabo. Las especialistas y las generalistas tienen que convivir, pero todo puesto de trabajo de salud mental tiene que estar ocupado por una enfermera especialista”, incidía el ex presidente de Aeesme.
Finalmente, la mesa sobre “Impacto de la salud mental en la edad adulta”, concluía con un deseo del propio Mejías: “Que todos los profesionales del sistema sanitario sean más sensibles a las personas con problemas de salud y que los veamos y tratemos como seres humanos vulnerables”.