DAVID RUIPÉREZ.- Las infecciones hospitalarias son el caballo de batalla de cualquier centro sanitario y la lucha contra este problema no siempre ha estado bien enfocada ante la ausencia de datos reales de etiología de las infecciones y coste-efectividad de las medidas y actuaciones que se ponían en marcha para combatirlas. Hace unos años, enfermeras y médicos del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid establecieron varias líneas de estudio que han servido para desarrollar nuevas estrategias para evitar infecciones tras detectar qué se estaba haciendo mal y qué medios existen para reducir esas tasas. De entre las actuaciones adoptadas destacan dos en las que la enfermería juega un papel fundamental. Por una parte, han llegado a la conclusión de que no tiene sentido centrarse sólo en los catéteres centrales ni exclusivamente en entorno de las UCIs; por otra, emplear apósitos que liberan fármacos, se pueden mantener siete días y que, obviamente, presentan buenos índices de adhesión y estanqueidad.

María Jesús Pérez Granda, enfermera del centro madrileño, explica que “tenemos un plan en este hospital desde 2011, en el que están implicados equipos multidisciplinares, orientado a reducir las infecciones nosocomiales y si gasto asociado. La infección relacionada con los catéteres es una de las líneas más importantes. El 82 por ciento de los catéteres son periféricos y presentan tasas más altas de infección y mortalidad. En Cuidados Intensivos ha funcionado muy bien y en catéteres centrales, pero el 87% tiene de los pacientes del hospital tiene al menos un catéter, pero no todos los necesitan. Es una costumbre, pero es mejor ponerlos cuando se necesitan, estamos en un hospital y se puede poner en el momento. Eso es algo de lo que nos hemos dado cuenta. Por eso decidimos trabajar a nivel de todo el hospital y otorgando la máxima importancia a todos los catéteres. En el 60-75 por ciento de las infecciones en catéteres se deben a algo mal hecho en el proceso de inserción o durante el mantenimiento”.

“Se ha comprobado -añade Pérez Granda- que en apósitos en vías centrales impregnados de clorhexidina la reducción de las infecciones ronda el 70 por ciento. Y también se han reducido en los periféricos usando los apósitos transparentes de liberación de clorhexidina y que duran siete días. El ahorro asociado a esta medida es grande, cada infección en este hospital supone unos 18.000 euros. Con sólo evitar una infección se podrían comprar todos los apósitos que necesita el centro en un año. Y no hay que olvidar el ahorro en antibióticos y con los fondos liberados se pueden poner en marcha otras iniciativas, adquirir apósitos aún mejores, antisépticos, etc”.

José Ignacio Díaz Presa, director gerente de la División Médica en España y Portugal de 3M -uno de los principales fabricantes de estos materialess-, asegura que “trabajamos de cerca con las enfermeras para evaluar y mejorar nuestras soluciones, sin duda constituyen una pieza clave en nuestra estrategia. Hoy en día, cada vez hay más profesionales que empiezan a valorar el proceso en su conjunto -y se dan cuenta de que es más económico- en lugar de centrarse sólo en el coste de cada apósito. Reduciendo las infecciones pueden salvarse muchas vidas y en general mejorar la estancia hospitalaria de los pacientes”.

“El futuro pasa por emplear materiales sostenibles, eficaces y respetuosos con la piel, incorporando tecnología móvil que permita monitorizar la evolución del paciente tanto en el hospital como el propio domicilio, mejorando así la experiencia asistencial, concluye Díaz Presa.