GEMA ROMERO.- Los enfermeros de Instituciones Penitenciarias están reclamando por carta, tanto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, como al secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz González, una solución a los graves problemas que atraviesan: inseguridad, falta de actualización de sus funciones, ausencia de carrera profesional, escasez de formación, discriminación en los concursos de traslados, o sustitución de otros profesionales sanitarios, entre otros.

En una larga misiva, a la que ha tenido acceso DiarioEnfermero.es, los enfermeros de instituciones penitenciarias relatan sus múltiples carencias pues consideran que, al ser un colectivo minoritario, siempre han sido “marginados y agraviados, siendo nuestras reivindicaciones injustamente ignoradas”. Por ello, ante la previsible apertura de la mesa de negociación con la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, han querido poner negro sobre blanco en su situación.

Como explican estos enfermeros pasan “una gran parte de su jornada con los internos, en contacto continuo y directo”, desarrollando sus actividades, que van desde curas, inyectables, manipulación de muestras biológicas, a la administración de metadona o la asistencia de urgencias por peleas, autolesiones, agresiones, etc. “Por esa razón nuestras dependencias sanitarias se encuentran ubicadas en el interior de las prisiones, llegando a tener que prestar asistencia de urgencia en las celdas”, señalan. Para estos enfermeros “es evidente que prestamos nuestro servicio en interior, así que no entendemos que se nos pague un complemento específico que no es acorde con nuestra titulación, responsabilidad y riesgo”, subrayan.

Indefensión

Para los enfermeros de instituciones penitenciarias otro de sus grandes problemas “es la facilidad que la Administración tiene para utilizarnos como sustitutos de otros grupos profesionales como auxiliares de clínica, farmacéuticos, administrativos e incluso médicos, teniendo que asumir una gran cantidad de funciones no propias de nuestra profesión, rozando el intrusismo profesional, colocándonos en una situación de indefensión ante la obligatoriedad de cumplir las órdenes que nos marca la dirección de centros”. Así, citan como ejemplo el que les obligan a firman las sanciones de los internos, cuando el reglamento penitenciario establece que eso debe hacerlo un médico.

Un Reglamento, el de Instituciones Penitenciarias, de 1981, que es el único que recoge las funciones de los enfermeros, pero que se ha quedado totalmente obsoleto, como se demuestra el hecho de que se refiere a la enfermería como ATS, una titulación hoy inexistente.

La discriminación que sufren en los concursos de traslados, la ausencia de carrera profesional, la sobrecarga de trabajo al no contar con sustituciones en caso de bajas, excedencias o vacaciones, o la escasa compensación de las horas de guardia, son otros de los puntos que reclaman y para los que solicitan la implicación del ministro del Interior en la búsqueda de soluciones.

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