ALBA CHAO.- Verónica Civeira lleva ejerciendo como enfermera desde hace 18 años tras terminar sus estudios en la Escuela Universitaria de Enfermería de Ourense. Desde hace cuatro, desarrolla su profesión en el Centro de Salud de O Carballiño, pero fue la maternidad lo que hizo que pusiese el foco de atención especialmente en la importancia de formar en primeros auxilios y emergencias a los más pequeños de la casa.
«Soy madre de dos niñas mellizas. Fue cuando ellas nacieron cuando empecé a darme cuenta de cosas que, como enfermera, para mi estaban muy claras, pero para otros padres no, como por ejemplo cómo limpiar una herida o que a las quemaduras no se les echa pasta de dientes», explica Civeira. Ante esta reflexión, dio un paso más y pensó en darle las herramientas a los niños para «que pierdan el miedo y sepan cómo actuar ante algunos de esos sustos».
Así que ella y sus dos hijas, imprescindibles en el proceso, se pusieron manos a la obra para dar forma a «Pupas, sustos y otros disgustos». Así, elaboraron una presentación teórica ilustrada por y para niños que se completa con juegos o simulacros de cada uno de los supuestos.
«Antes del taller, a cada familia se le envía una autorización y una carta de presentación de la actividad en la que se pide que cada niño traiga una toalla y un muñeco de unos 20 centímetros», cuenta. Una vez estos requisitos están completados, comienza la mejor parte.
Los niños, de 8 y 9 años, se organizan en «grupos de seis a ocho participantes, cada uno con un monitor para realizar cada una de las actividades». El taller, de dos horas de duración, se divide en dos partes, una primera de ‘pupas y sustos’ en las que se «habla de la fiebre, el sangrado de nariz, le pintamos heridas para que aprendan cómo lavarlas e incluso vendarlas, tratamos cuestiones como la diarrea e introducimos algunas pinceladas de educación sanitaria, como la importancia de lavarse las manos o pautas de alimentación». En el segundo bloque se abordan cuestiones más graves, como «atragantamientos y pérdidas de conocimientos principalmente». Es en este momento cuando les enseña la maniobra de Heimlich y, muy importante, el teléfono al que llamar en caso de emergencia, el 112.
Objetivos
Antes de comenzar cada taller, los participantes cubren un test de cinco cuestiones, en el que se les preguntan cuestiones básicas. «El 75% de los 150 niños que han participado en la actividad hasta el momento no sabían actuar correctamente ante un sangrado de nariz y el 30% desconocían el número de teléfonos de emergencia», explica Civeira.
Por eso, el objetivo de este taller gira en torno a dos pilares fundamentales. Por una parte «un niño cuanto más sabe más autónomo es, más se implica y menos miedo tiene», por eso, estos conocimientos buscan «que los niños pierdan el miedo a una herida o a estar enfermos, y que incluso sepan qué cosas pueden solucionar solos y cuáles requieren de adultos o profesionales». Por otro lado, ‘Pupas, sustos y otros disgustos’ quiere lograr que «ante una situación de emergencia los niños sepan al menos cómo alertar», algo que hace tan sólo unas semanas salvaba la vida de una mujer en el Bierzo.
Y es que «los pequeños son como esponjas, cuando logras captar su atención son muy activos, no hay problema a la hora de encontrar un voluntario para cualquier simulacro», destaca.
Padres y docentes
Por su parte, padres y docentes también son conscientes de lo valiosos que son estos conocimientos. «Luego ves a algunos padres por la calle y te comentan cómo su hijo les dice en casa qué están haciendo mal, de modo que los conocimientos se continúan transmitiendo», cuenta la enfermera
Los profesores lo tienen claro y les gustaría que estas actividades se extendieran a docentes y a niños de otras edades. De hecho, la propia enfermera explica que lo ideal sería «repetir este talle con estos mismo niños y niñas cuando estén en 6º para comprobar qué recuerdan y ampliar conocimientos sobre temas como la educación sexual o el alcohol y otras drogas».
Pero por el momento, Civeira y su equipo de voluntarios formado por profesionales de enfermería, residentes de la especialidad de Familiar y Comunitaria, estudiantes de enfermería y técnicos de emergencias seguirán por los centros del área de O Carballiño hasta llegar a otros 250 niños. «Es fundamental la red de voluntarios, los niños se dispersan fácilmente y, por eso, tiene que haber un monitor por cada seis u ocho niños, lo que supone un equipo bastante numeroso».
Después de octubre, el horizonte se amplía y esperan llegar a muchos más centros escolares con la coordinación de la dirección de Enfermería y la colaboración de los centros de salud de otros servicios.