A. ALMENDROS / D. RUIPÉREZ.- Manuela Monleón empezó a trabajar como enfermera rural en la Comunidad Valenciana y después desarrolló su carrera en hospitales grandes y también en centros de Atención Primaria donde trabaja actualmente en Madrid. Ha realizado muchos cursos y cuenta con una formación específica en el campo del dolor.

Normalmente las personas no tenemos miedo a la enfermedad en sí, lo que tememos es al dolor o al padecimiento que pueda acarrear esa enfermedad. Has buceado mucho en este tema y culminaste tu doctorado con una tesis que expusiste hace unos años llamada “Intervención enfermera en el dolor crónico”. ¿Cuáles son las principales conclusiones a las que llegaste?

Para hacer la tesis estuve estudiando el dolor crónico durante cinco años en Atención Primaria y una de las conclusiones principales es que las enfermeras no vemos el dolor como un problema enfermero. Además, entre otras observé que existen diferencias entre el sexo de las enfermeras, si es hombre o mujer atendemos e intervenimos de una forma u otra. Y que de alguna forma nuestras intervenciones ante el dolor van más por el campo físico y tenemos menos en cuenta las otras esferas humanas que son lo social, lo psicoemocional y valores y creencias.

¿Cuáles son las diferencias en la atención si el enfermero es hombre o mujer?

Sobre todo, se daban a la hora de la intervención. Lo que hice fue seguir la etiqueta diagnóstica de dolor crónico y qué intervenciones entraban. Además, lo relacioné con los CIAP y vimos que además la edad también influía: a más mayor más psicoemocional en la intervención. Y entre hombre y mujer vimos que los hombres iban a la intervención con medicación frente a las mujeres que iban más a la escucha activa, a lo que son las esferas emocionales.

Y que no se pueden dejar de lado… Entiendo que, según esto, tu tesis muestra que la mujer enfermera es la que mejor aborda el dolor

Sí, de alguna forma el abordaje del dolor tiene que ser de forma integral. Veíamos que lo que más mirábamos era esa parte física y la de medicación, algo que de alguna manera nos pasa a los profesionales sanitarios en general.

Quizás en los últimos años, ¿se ha medicalizado todo mucho?

Sí, es importante conocer la medicación, pero teniendo en cuenta las otras necesidades que aparecen, porque está demostrado por la Asociación Internacional de Estudio del Dolor que el este tiene que abordar de forma integral.

En general, no sólo la perspectiva enfermera, la sociedad está sobremedicada. Es la solución fácil: una pastilla y se soluciona el problema.

Forma parte de la sociedad. De alguna forma estamos en una cultura “del ya”. Es decir, vamos al médico o a la enfermera y lo que quiero es que me quiten el dolor de cabeza cuanto antes, para seguir funcionando, y no nos planteamos qué podemos darle a nuestra salud. Que sería esa parte no física que tenemos que hacer que incluye un cuidado físico, pero de concienciación. Las enfermeras debemos potenciar el autocuidado. Si tienes un dolor de cabeza debemos tener unos cuidados, un manejo del estrés o de la patología y tu vas a usar una medicación y lo harás bien con ese soporte de la enfermera en la educación; pero el paciente debe poner una parte no medicalizada que le ayude a vivir mejor y que prevenga esos dolores de cabeza.

Dices en tu tesis que el 80% de los casos de dolor crónico los veis en Atención Primaria, ¿Qué podría mejorar este primer punto de entrada al sistema sanitario para que el dolor no pase desapercibido?

Siempre decimos que la AP es el punto de entrada, pero también es el de quedada porque estamos entrando y nos quedamos durante el seguimiento, porque hay que recordar que uno de cada seis pacientes tiene dolor crónico. Lo que necesitamos es formación para hacer un buen cuidado integral del dolor.

Recientemente, hemos visto en algunos medios de comunicación, que muchos jóvenes están usando jarabes de la tos que tienen codeína como una droga recreativa. ¿Qué nos puedes contar sobre este tema?

Primero no quiero alarmar sobre el uso de los opioides de forma lúdica. Es cierto que el jarabe de la tos viene muy bien en dosis terapéuticas en dolor leve y moderado y se usa para eso y para la tos seca. Pero es verdad que el mal uso o abuso de esa medicación puede llegar a provocar en los jóvenes una sensación de placer, consiguiendo los mismos efectos que la marihuana. Pero no hay alarma nacional, de momento.