ALICIA ALMENDROS.- A través de los testimonios literarios de los afectados, estructurados en cuatro bloques, la obra Hay que tirar las vacas por el barranco recorre todo el proceso de la esquizofrenia, desde el brote, pasando por el estigma, hasta llegar a la recuperación -o la salida, que pudiera ser el suicidio. Estas historias reales sobre la esquizofrenia desmontan algunos de los tópicos más frecuentes y dañinos sobre los esquizofrénicos y los que con ellos conviven.
Iniciativa
Más allá de una relación problemática con la realidad, de una mente y un lenguaje escindidos, la esquizofrenia hiere la comunicación, afecta a la relación con los demás. Por un lado, el paciente incapacitado para establecer un espacio común con los otros, por el otro los familiares sienten la mirada de incomprensión, de rechazo e incluso desprecio de los “normales” sobre sus seres queridos. Escuchar a los pacientes, víctimas de la enfermedad, y a sus parientes a través de voces concretas, bajo una mínima estilización, en su pura desesperación, tal vez pueda romper las barreras que nos impiden ver en estos seres nuestros mismos miedos y angustias; y compartir un mismo espacio mental: el espacio de lo humano.
Precisamente el suicidio de un amigo fue lo que llevó a Ricardo Ruiz Garzón a escribir la obra sobre este difícil tema, labor que fue recompensada con el Premio de la Fundación Manantial, que se otorga a quienes hayan favorecido la integración social y laboral de las personas con enfermedades mentales. Y es que estas historias reales sobre la esquizofrenia, en alusión al subtítulo del libro, desmontan algunos de los tópicos más frecuentes y dañinos sobre los esquizofrénicos y los que con ellos conviven.