Una revisión reciente  publicada en “Cochrane Database of Systematic Reviews” afirmaba que los cigarrillos electrónicos con nicotina produjeron mayores tasas de abandono que el tratamiento de reemplazo de nicotina, como los parches y los chicles. “Este resultado debe reconocerse, pero también interpretarse correctamente: no demuestra que los cigarrillos electrónicos sean superiores a todos los tratamientos disponibles para la cesación tabáquica”, explica Leticia Bueno, enfermera del Instituto de Investigación Enfermera. “La evidencia de mayor certeza corresponde específicamente a la comparación con la terapia sustitutiva con nicotina (NRT); las comparaciones con apoyo conductual o ausencia de apoyo presentan menor certeza, y la revisión no permite establecer su superioridad frente a otros tratamientos farmacológicos para los que no existe evidencia comparativa directa suficiente”, añade.

El tabaco es la principal causa de enfermedades y muertes evitables, y provoca más de siete millones de muertes al año, incluidos 1,6 millones de no fumadores expuestos al humo de otras personas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Demostración

La publicación define como uno de sus outcomes críticos (resultados principales evaluados) [LB2.1]la abstinencia de fumar durante al menos seis meses y distingue expresamente el consumo de cigarrillos combustibles del uso de cigarrillos electrónicos o vaping; el uso continuado del cigarrillo electrónico constituye un outcome diferente.

Por tanto, una persona que abandona el cigarrillo convencional, pero continúa vapeando nicotina puede contabilizarse como un caso exitoso de abandono del cigarrillo combustible. Esto no es equivalente a demostrar abstinencia de nicotina. De hecho, un metaanálisis específicamente diseñado para evaluar este último outcome encontró que, frente a NRT, los cigarrillos electrónicos se asociaban simultáneamente con mayor abandono del cigarrillo combustible (RR 1,58; IC95% 1,20–2,08) pero menor probabilidad de abstinencia de todos los productos de nicotina (RR 0,50; IC95% 0,32–0,77). Por ello, “comunicar estos resultados simplemente como que “los vapeadores ayudan más a dejar de fumar que otros métodos” puede llevar a confundir tres conceptos diferentes: abandonar el cigarrillo combustible, abandonar el vapeo y alcanzar la abstinencia de nicotina”, afirma la enfermera.

Cautela

Y es que la evidencia sobre seguridad requiere todavía mayor cautela. Este estudio no demuestra que los cigarrillos electrónicos sean inocuos ni establece su seguridad a largo plazo. Los propios autores concluyen que no detectaron evidencia de daño grave a corto plazo, pero señalan expresamente que se necesitan ensayos más grandes y prolongados para evaluar completamente la seguridad. Por tanto, la ausencia de una señal detectable de eventos adversos graves durante el seguimiento disponible no debe interpretarse como evidencia de ausencia de daño a largo plazo.

El aerosol de los cigarrillos electrónicos no es simplemente “vapor de agua” se genera calentando líquidos compuestos principalmente por propilenglicol y glicerol (glicerina vegetal), habitualmente junto con nicotina y aromatizantes. El calentamiento de estos componentes puede generar compuestos carbonílicos tóxicos, como formaldehído, acetaldehído y acroleína, y en el aerosol también se han identificado partículas ultrafinas y metales procedentes, entre otras fuentes, de los elementos de calentamiento del dispositivo.

La exposición a estos aerosoles se ha relacionado con estrés oxidativo e inflamación, y la evidencia disponible documenta efectos respiratorios y cardiovasculares, incluyendo alteraciones de la función endotelial, activación plaquetaria y cambios agudos en la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Una umbrella review de 69 revisiones sistemáticas publicada en 2025 recoge evidencia de efectos adversos en distintos sistemas, particularmente respiratorio y cardiovascular. “Que la exposición a determinados tóxicos pueda ser menor que con el tabaco combustible puede sustentar una estrategia de reducción de daño en fumadores adultos que sustituyen completamente el cigarrillo, pero “menos perjudicial que continuar fumando” no significa “inocuo” ni justifica presentar el vapeo como una alternativa de consumo exenta de riesgos”, argumenta Bueno.

Apoyo enfermero

Por otra parte, la evidencia científica disponible muestra de forma consistente que las intervenciones para la cesación tabáquica obtienen mejores resultados cuando los tratamientos farmacológicos se acompañan de apoyo conductual por profesionales sanitarios. “Las estrategias basadas en entrevista motivacional, terapia cognitivo-conductual y seguimiento continuado ayudan a aumentar la motivación para el cambio, mejorar la adherencia al tratamiento y prevenir recaídas. Una revisión Cochrane sobre entrevista motivacional concluyó que este tipo de intervención puede mejorar las tasas de abandono del tabaco en comparación con el consejo habitual o intervenciones menos estructuradas”, explica Roberto Cabestre, enfermero Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria de Zaragoza.

En este contexto, la actuación de las enfermeras ocupa un lugar especialmente relevante. Por su accesibilidad, continuidad asistencial y formación en educación para la salud, las enfermeras desempeñan un papel fundamental en el acompañamiento de las personas fumadoras durante todo el proceso de abandono del tabaco. La relación terapéutica, la empatía, la escucha activa y la capacidad para adaptar las intervenciones a las circunstancias individuales constituyen herramientas de gran valor, ampliamente reconocidas tanto por los pacientes como por el resto de los profesionales sanitarios. “El éxito en la cesación tabáquica no depende únicamente del tratamiento elegido, sino también del acompañamiento profesional que facilite cambios conductuales mantenidos en el tiempo”, argumenta Cabestre.

Por ello, más allá de debates sobre un determinado producto o estrategia de sustitución, el mensaje que cuenta con mayor respaldo científico sigue siendo claro: “si desea dejar de fumar consulte con un profesional sanitario y, de forma especialmente cercana, con su enfermera de referencia. Recibirá información basada en la mejor evidencia disponible, ayuda para valorar los beneficios y riesgos de las distintas opciones terapéuticas y acompañamiento durante todo el proceso, aumentando así las probabilidades de lograr una abstinencia duradera tanto del tabaco como, idealmente, de la dependencia de la nicotina”, finaliza Cabestre.