Un estudio realizado en un hospital de la provincia de Alicante revela que el 91,5 % de los catéteres intravenosos colocados durante el parto no se utilizaron después. Muchas mujeres señalaron, además, que la vía dificultaba la lactancia, el cuidado del bebé y su propio autocuidado.
La colocación de una vía venosa periférica es una práctica habitual durante el parto. Su objetivo es disponer de un acceso rápido para administrar medicación, líquidos o hemoderivados si aparece alguna complicación, como una hemorragia posparto. Sin embargo, una investigación enfermera desarrollada en Alicante cuestiona la necesidad de mantener estos dispositivos de forma rutinaria durante las horas posteriores a los partos vaginales de bajo riesgo.
El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Alicante y del Hospital Universitario del Vinalopó. En total, participaron 497 mujeres que habían tenido un parto vaginal en el Hospital Universitario del Vinalopó, en Elche.
Los resultados muestran que 455 de las 497 vías colocadas, el 91,5 %, no fueron utilizadas durante la estancia en la planta de maternidad. A pesar de ello, permanecieron insertadas una media de 25,3 horas después del parto. Solo el 8,5 % de las participantes necesitó recibir algún tratamiento intravenoso en ese periodo.
La investigación no se limitó a comprobar si las vías se utilizaban. También preguntó a las mujeres cómo afectaban a su experiencia durante el posparto inmediato.
El 71,6 % habría preferido que la vía se retirase antes y el 60,4 % consideró que resultaba incómoda. Además, el 68,2 % señaló que interfería en alguna de las actividades propias de esos primeros días: el 49,1 % indicó dificultades para su autocuidado, el 50,9 % para atender al recién nacido y el 58,8 % para dar el pecho.
Estos datos resultan especialmente relevantes porque el posparto inmediato es un periodo de adaptación física y emocional en el que las madres comienzan a familiarizarse con los cuidados del bebé, establecen el vínculo y, en muchos casos, inician la lactancia. Una vía situada en la mano, la muñeca o la zona interna del codo puede dificultar movimientos cotidianos como coger al recién nacido, cambiarle el pañal o encontrar una postura cómoda para amamantar.
Los investigadores observaron que tanto el lugar de inserción como la comodidad percibida estaban relacionados con la interferencia en los cuidados. El antebrazo fue el lugar preferido por un mayor número de participantes, mientras que la zona interna del codo fue el punto de inserción más frecuente en la práctica clínica estudiada.
Para desarrollar el trabajo, el equipo realizó un estudio descriptivo. Así, recogieron datos de las historias clínicas y se administró un cuestionario a las mujeres en el momento del alta. Todas habían tenido un parto vaginal, ya que las mujeres sometidas a cesárea fueron excluidas porque suelen necesitar medicación intravenosa durante su recuperación.
Los autores no proponen eliminar automáticamente las vías después del parto. Su recomendación es evaluar de manera individualizada si existe una razón clínica para mantenerlas. En los partos vaginales sin complicaciones y de bajo riesgo, retirar de manera temprana una vía que ya no resulta necesaria podría mejorar la comodidad, facilitar la lactancia y favorecer los cuidados entre la madre y el recién nacido. A raíz de ello, el Hospital Universitario de Vinalopó ha implementado un algoritmo de decisión clínica para retirar de forma precoz de accesos vasculares en puérperas de bajo riesgo.
Cuando el acceso intravenoso siga estando indicado, los investigadores plantean seleccionar el calibre y la zona de inserción según las necesidades reales de cada mujer, evitando mantener por rutina catéteres de gran tamaño o colocados en zonas que limiten el movimiento. También consideran necesario incluir a las mujeres en la decisión sobre su mantenimiento o retirada.
Los hallazgos invitan a revisar prácticas clínicas incorporadas por rutina y a preguntarse si todas las intervenciones siguen siendo necesarias una vez finalizado el parto. En ocasiones, mejorar la atención no implica añadir más procedimientos, sino retirar aquellos que ya no aportan beneficio.
Esta noticia pertenece al premio al mejor artículo científico del mes de junio del Colegio de Enfermería de Alicante.