ALICIA ALMENDROS.- En un lugar de La Mancha, de los que habla el Quijote, pero sin gigantes ni sanchos, ya está todo listo para recibir a sus “ingeniosos caballeros”. No van a caballo ni utilizan lanzas. Sus versos, sus danzas y sobre todo la veneración por un Cristo marinero son la seña de identidad de estos danzantes manchegos. La tradición se palpa en cada rincón del municipio toledano de Villacañas estos días. Aunque el pistoletazo de salida lo marca la elección de los danzantes, el 19 de marzo, el día más esperado es el 1 de mayo, el ‘Día Grande’.
Puede resultar curioso que un pueblo de “La Mancha Seca” venere a un Cristo marinero. Cuenta la leyenda que un fuerte temporal azotaba a un barco en alta mar cuando en lo alto de la viga mayor, se apareció un Cristo alrededor del cual bailaban ocho danzantes y el de la porra. Al momento, el temporal amainó y los tripulantes se salvaron. Según se cuenta, allí se encontraba un villacañero que fue el encargado de traer el culto al pueblo. Trasladada de padres a hijos la devoción por este Cristo se remonta a más de 500 años de historia.
La simbología es la protagonista de la vestimenta del danzante que tarda más de dos horas en ataviarse para este día. Su traje es muy vistoso, elegante y rico en símbolos, una verdadera obra de arte. Ver vestidos a ocho hombres con faldillas de terciopelo rojo adornadas con estrellas, del mismo color que las que lleva el Cristo de la Viga, llama la atención.Además de los pololos, las medias, las zapatillas decoradas con bordados o pinturas de color rojo, los protagonistas de este día lucen una cinta de seda anudada en la cabeza que representa la corona de espinas.
El peculiar y pegadizo sonido de la dulzaina, el tambor y las castañuelas son la banda sonora de este día. En la mañana del 1 de mayo los villacañeros esperan ansiosos el “Tiroritotitotito…” que caracteriza la fiesta y anuncia, a su vez, la llegada de los danzantes a la Glorieta del Prado. Tras las tradicionales danzas se recitan los dichos, poemas cuyo tema es la Pasión de Cristo, y el de la porra además expone los chascarrillos que, de manera jocosa, critican a las autoridades civiles y eclesiásticas allí presentes y relata en clave humorística los sucesos más relevantes que han acaecido ese año en la localidad.
Expectación
La procesión es el momento más esperado por todos. Durante las más de dos horas que dura, los danzantes van y vienen múltiples veces por todo el recorrido y haciendo la venia ante el Cristo, y yendo para atrás, sin darle la espalda. A pesar del tiempo de espera, merece la pena ver entrar al Cristo a la Iglesia Parroquial entre gritos enfervorizados que muestran la devoción y el fervor por esta fiesta arraigada entre los villacañeros, y declarada de Interés Turístico Regional.
Los silos
Aprovechando la visita al municipio manchego, el viajero debe conocer el Museo Etnográfico del Silo. Con pico, pala, sudor y mucha ilusión los villacañeros construyeron sus viviendas bajo tierra. Auténticas obras de arte que repoblaron el municipio durante años. Y es que a mediados del siglo XVIII, a consecuencia de la desamortización y roturación de nuevas tierras y la consiguiente necesidad de mano de obra, surge la figura del jornalero el cual, por escasez de recursos económicos se ve obligado a construir su propia vivienda. Estar excavadas en terreno llano, y no en ladera o desnivel, las hace únicas. Declaradas como Bien de Interés Cultural, el peculiar museo muestra cómo vivían los lugareños en estas viviendas sin tejados, tabiques ni pilares.
Casa museo de la Tía Sandalia
No cabe en ninguna norma ni vanguardia, ni tendencia artística, pero impresiona a todo el que la ve por primera vez. Yeso, cal, purpurina, temple, sarmiento, alambre, palos… cualquier material era útil para esta mujer que, a pesar de su escaso nivel económico, dedicó su vida a plasmar en formas y colores la religiosidad y el espíritu que la animaba. Las paredes y las habitaciones de su casa eran el lienzo que Sandalia utilizó hasta formar su museo particular, y con sus propios cabellos confeccionaba los pinceles que le sirvieron para crear su obra de arte. Maravillosa contadora de relatos, romances e historias, tenía una memoria prodigiosa pero nunca aprendió a leer y escribir. A su muerte, su obra fue legada al Ayuntamiento que creó un museo que con su nombre, muestra una exposición de 66 esculturas, 40 relieves y 26 lienzos.

